No suelo caer bien de primeras.
No pasa nada.
No es importante.
Hay personas que entran en una habitación y ven muebles.
Yo veo el hueco que hay entre ellos.
Con las clínicas me ocurre igual y si tienes una, esto sí es importante:
Entro en una web.
Y No veo una web.
Veo a un paciente que acaba de marcharse.
Cojo un presupuesto.
Veo el momento en que alguien deja de tener claro que ese es su tratamiento.
Escucho una llamada.
Oigo a alguien que está a punto de colgar.
No sé cuándo empecé a hacerlo.
Supongo que, después de treinta años viendo pacientes, una desarrolla ciertas manías.
Lo que sí sé es que todas ellas tienen algo en común:
Acaban en fugas.
No de agua.
De pacientes.
Y a mí no me cuesta detectar las grietas por donde empiezan.
La primera suele ser la más evidente y la mayoría no la ve.
Igual piensas que los presupuestos no son tu problema.
Puede que no lo sean. No lo sé.
Hace unos meses, el dueño de una clínica, tampoco:
Me puso un presupuesto delante.
—Venga. Dime.
Empecé a leer.
—¿Qué buscas?
—Al paciente.
Se rió…
—El paciente ya se ha ido.
—Sí. Y aquí no encuentro ningún motivo para que quiera volver.
No volvió a reírse.
Lo malo de las grietas...
Es que casi nunca vienen solas.
Y el presupuesto solo es la primera que suele dejarse ver.
Hay más.
Muchas.
Pero eso te lo cuento en mis Emails de Guardia: escribo sobre copywriting, negocios de Salud y por qué algunas clínicas hacen que elegirlas sea fácil mientras otras se empeñan en ponerlo difícil.
También sobre cosas que me pasan por andar mirando las grietas por donde se van los pacientes.
Ahora ya sabes por qué esta página se llama ‘Lo menos importante’.
Yo sé quién soy y lo que hago.
Tú sabes quién eres y lo que haces.
Lo interesante es saber qué pasó con el paciente que parecía convencido y terminó pagando el tratamiento en otra clínica.
Puedes seguir preguntándote qué pasó…